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martes, 5 de febrero de 2013

El uso de jeringuillas con poco volumen muerto podría evitar la transmisión del VIH y VHC en usuarios de drogas

Estas jeringuillas retienen hasta 1.000 veces menos cantidad de VIH y, según un modelo matemático, conseguirían una reducción drástica en las tasas de transmisión de este virus
Miguel Vázquez - 04/02/2013

Las jeringuillas que tienen un menor "volumen muerto" retienen menos cantidad de sangre que puede contener virus de la hepatitis C (VHC) o VIH. Por tanto, el cambiar a este tipo de jeringuillas podría reducir la transmisión de estas infecciones entre usuarios de drogas inyectables (UDI), según un artículo publicado en la edición de enero de 2013 de International Journal of Drug Policy. Por "volumen muerto" se entiende el que queda en la jeringuilla una vez apretado el émbolo por completo, y en el que pueden quedar restos de sangre u otros fluidos.

Un equipo de investigadores de RTI Internacional y el Instituto Futures propone que el cambio del tipo de jeringuillas disponibles en aquellas zonas donde la epidemia local de VIH se debe, en gran medida, a conductas de riesgo relacionadas con la inyección de drogas, podría reducir e incluso detener la transmisión entre la población de UDI.

 La clave puede residir en la diferencia entre las jeringuillas con gran volumen muerto y las de poco volumen muerto. Mientras que las primeras tienen agujas desechables y retienen unos 84 µL de líquido con el émbolo apretado, las de bajo volumen muerto, por lo general, cuentan con agujas que están unidas de forma permanente y solo retienen un promedio de 2 µl (véase imagen adjunta).
 
De este modo, una persona que comparta una jeringuilla con un elevado espacio muerto es más probable que se vea expuesta a virus que si se hubiera compartido una con poco volumen muerto.

En experimentos realizados en el laboratorio para simular el proceso de aspirar sangre en la jeringuilla y aclararla con agua, los dispositivos con elevado volumen muerto retuvieron 1.000 veces más VIH que las de bajo espacio muerto. Experimentos similares con jeringuillas con poco volumen muerto también evidenciaron que hubo menos probabilidad de transmitir el virus. Los estudios mostraron que el VHC solo pudo vivir durante un día en una jeringuilla con poco volumen muerto, frente a los 60 días en la jeringuilla con elevado volumen muerto.

Empleando un modelo matemático, los autores comprobaron que el reemplazar las jeringuillas con elevado volumen muerto por otras con menor volumen muerto en países donde la propagación de la epidemia se debe en gran medida a las prácticas inseguras de inyección (como China, Indonesia, Rusia o Ucrania) conseguiría importantes reducciones en la transmisión del VIH, con un resultado previsible en la reducción de las transmisiones a casi cero en un plazo de ocho años.

Un sondeo efectuado para determinar las actuales tasas de transmisión del VIH en ciudades con unas tasas elevadas de consumo de drogas inyectables parece respaldar esta afirmación. En países donde se usan principalmente jeringuillas con elevado volumen muerto, la prevalencia de VIH fue baja en la población de UDI de 18 ciudades o áreas, moderada en 15 y elevada en 25. En las ciudades o áreas donde fueron más habituales las jeringuillas con menor volumen muerto, la prevalencia de VIH fue baja en ocho de esas zonas y elevada solo en una de ellas.

El autor principal del estudio, William Zule, afirmó que aunque es preciso realizar más estudios, esta intervención debería implementarse y evaluarse lo antes posible, y añadió que el cambio de jeringuillas de alto volumen muerto por otras de bajo volumen debería considerarse como un componente adicional de los paquetes integrales de prevención del VIH.

En este sentido, los autores ponen de relieve la necesidad de disponer de estudios de fiabilidad y ensayos de distribución aleatoria con control, así como realizar valoraciones rápidas a las personas que consumen drogas inyectables para detectar posibles barreras a este cambio.

Siendo una iniciativa de bajo coste, la principal preocupación es la dificultad para hacer llegar la información a los usuarios de drogas inyectables, proveedores de atención sanitaria y farmacéuticos sobre los motivos para efectuar esta intervención. Otra posible barrera para su implementación generalizada es que la mayoría de las jeringuillas con poco volumen muerto tienen el cuerpo más corto y la aguja está fijada de forma permanente. Esto podría no ser adecuado si se consumen drogas que deben disolverse en un gran volumen de líquido. Además, a menudo los usuarios de drogas pueden preferir agujas desprendibles, que puedan reemplazarse en caso de que se atasquen. En la actualidad, solo existe un único fabricante de jeringuillas con poco espacio muerto y agujas intercambiables, y su precio es relativamente elevado.

A pesar de estos posibles obstáculos, los activistas en este ámbito han recibido bien los hallazgos de este estudio, y consideran que estos datos justifican que se revisen las políticas de los programas de acceso a jeringuillas. Según estas personas, el cambio a estas jeringuillas con poco volumen podría, a nivel mundial, no solo reducir el número de infecciones por VIH, sino también las de VHC, entre la población de usuarios de drogas inyectables.
Fuente: Aidsmap.
  Referencia: Zule WA, Cross HE, Stover J, and Pretorius C. Are major reductions in new HIV infections possible with people who inject drugs? The case for low dead-space syringes in highly affected countries, International Journal of Drug Policy 24(1):1-7.January 2013.

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